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Leer sin libros

Leer sin libros
  • Publicado en agosto de 2013
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Leer sin libros

Ese objeto rectangular que los padres siempre tienen entre manos y que les abduce tan largo tiempo no es un libro, sino un celular. Y por pura imitación, según la psicopedagoga Silvia Moreno, todos los niños juegan hoy a deslizar sus regordetes dedos sobre una pantalla. Para esta generación de nativos digitales las tabletas y “smartphones” se han convertido en el soporte natural donde consumir ocio y cultura. Empezando por los cuentos. Frente a la quietud que se impone en el papel, las posibilidades interactivas y multimedia que ofrecen las aplicaciones cautivan a este determinante nicho de lectores. Una nueva realidad que las editoriales no pueden permitirse ignorar y que ha desencadenado, en el último año, el boom de las “apps” de libros infantiles.
Como confirma Esteban Lorenzo, director de Edebé digital, este mercado —aunque aún incipiente— crece de forma exponencial. Cuentos con valores, la primera aplicación lanzada por su sello, ha sido descargada más de 30 mil veces desde 40 países. Un éxito en el que su precio ha sido definitivo. Frente a los 12 euros que puede costar un libro en tres dimensiones, la traslación digital rara vez supera los cuatro. A veces incluso se comercializa gratis en su versión básica o inicial.
“Y además, como el WhatsApp, es un producto que está vivo: cada cierto tiempo se puede actualizar con actividades, capítulos extra o nuevas opciones de lectura, como la posibilidad de grabar la voz del niño narrándolo”, argumenta David Yerga, fundador de Dada Company. Esta empresa española líder en el desarrollo de aplicaciones de cuentos acaba de ganar el Premio Bolonia Ragazzi Digital 2013 con “Por Cuatro Esquinitas de Nada”, una historia sobre la tolerancia que Apple ya eligió en 2011 como la quinta mejor de todo el mundo.
Ahora trabajan en Marina y la luz, donde, con solo tocarlas, los niños pueden hacer que se ponga el sol en las ilustraciones de Alberto Vázquez, ganador del Goya al mejor corto de animación en 2012 con “Birdboy”. Paradójicamente este cuento digital es mudo. No tiene palabras. Ha sido ideado así para que cada uno invente su propia historia.
Porque como asegura Yerga, las aplicaciones literarias —más allá de “simples PDF”— se constituyen ya en un género, aunque sus códigos estén aún en plena definición. Algo lógico: el iPad se puso a la venta en 2010 y hace dos años apenas contaba con programas infantiles. Hoy, más de la mitad de los españoles posee un teléfono inteligente, y cuatro millones tienen además una tableta, según el estudio Spain Digital Future in Focus. “Hay que llevar los cuentos adonde están los lectores. Y ahora viven pegados a las pantallas”, resume Javier Fierro, subdirector de la fundación Germán Sánchez Ruipérez. Desde esta plataforma dedicada a la promoción de la lectura, acaban de lanzar la aplicación “DeCuentos”, que recoge 30 títulos de toda la vida, conscientes de que “la tecnología tiene la capacidad de enriquecer productos de corte clásico y reivindicar su valor y su vigencia”.
Teo (Planeta), el mítico personaje creado por Violeta Denou hace 36 años, se moderniza a través de juegos y acertijos online para seducir a los nativos digitales igual que hizo con sus padres, y mediante los mismos escenarios: la granja, el colegio, el circo...
Lo cierto es que con animaciones, música, video, relatos y pasatiempos, cualquier título resulta más apetecible, especialmente para una generación cuya lengua materna es la audiovisual.
“Hay niños a los que obligarles a leer media hora cuesta la vida misma. Pero si les pones un cuento en la tableta, lo hacen encantados y se lo pasan genial”, asegura Enrique Tapiés. Sabe de lo que habla. Es el presidente de Playtales, la librería online donde se comercializan sus propias aplicaciones, además de las que desarrollan para Disney, Planeta o Susaeta. Una plataforma que recibió el premio de la audiencia del último Mobile World Congress de Barcelona. “Trabajamos para que la dimensión interactiva refuerce la lectura comprensiva e incite al niño a descubrir y reforzar conceptos a partir de su propia experiencia”, argmumenta.
La psicopedagoga de la editorial Santillana, Silvia Moreno, coincide en que una aplicación bien diseñada —que huya de la sobrestimulación y con una estructura clara— puede ayudar a desarrollar habilidades cognitivas y de orientación espacial. Y, recuerda, que, como en el caso de los títulos en papel, la clave reside en escoger un producto acorde con la edad del niño y acompañarle, si es necesario, en la experiencia de la lectura.
Pero también reconoce que “por lo general, cuando un pequeño está frente a una tableta el interés se centra en el dispositivo. Mientras que cuando estás ante un libro analógico, la atención se focaliza en lo que está contando”. Un obstáculo doble si, como asegura la psicopedagoga, la autonomía y la capacidad de control que les otorgan las aplicaciones hace que prefieran de forma automática el plasma a la celulosa. El presidente de PlayTales aventura incluso que “la generación de niños que hoy tiene menos de 10 años realizará el 80 por ciento de su lectura” en formato digital.

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