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L’Ecuyer "Un niño sobreestimulado pierde el asombro"

L’Ecuyer
  • Publicado en agosto de 2015
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L’Ecuyer "Un niño sobreestimulado pierde el asombro"

Catherine L'Ecuyer nació en Canadá y hace años vive en Barcelona. Ejerció como abogada pero se propuso investigar sobre educación y escribió el libro "Educar en el asombro", que se convirtió en un bestseller con 14 ediciones. Desde entonces, se dedica a investigar y dictar conferencias, y ya publicó su segunda obra, "Educar en la realidad", sobre el uso de las nuevas tecnologías en la infancia y la adolescencia.
En 2014, la revista suiza Frontiers in Human Neuroscience, presentó sus reflexiones como una "nueva hipótesis" o "teoría de aprendizaje". Catherine L'Ecuyer visitará a la ciudad de Santa Fe para hablar sobre sus dos libros en el VII Congreso Internacional de Educación, que se realizará del 3 al 5 de septiembre en la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de Santa Fe, en paralelo con las I Jornadas Internacionales de Comunicación.
Gracias a una entrevista realizada por Mariela Goy para el diario El Litoral podemos conocer un poco más de los conceptos que maneja esta brillante investigadora que solo dará una disertación en Argentina.
-¿Cómo define la educación en el asombro, que es su tema de investigación? ¿Qué beneficios tiene en el aprendizaje y cómo puede un docente generarlo en sus clases?
-El asombro es el deseo de conocer, es no dar el mundo por supuesto. Los niños se asombran al descubrir el mundo que los rodea, lo que ven. Como decía Chesterton, en cada una de esas deliciosas cabezas, se estrena el mundo como en el séptimo día de la Creación. Eso es lo que suscita en ellos tantos porqués. Lo que asombra es la belleza de la realidad. El asombro es el motor del aprendizaje. Por lo tanto, es clave. Tomas de Aquino decía que hay dos formas de aprender: uno, mediante la invención y el descubrimiento; dos, con disciplina y aprendizaje. Y añadía que la invención y el descubrimiento son las formas más elevadas de aprender. El asombro no se genera, se respeta. Los niños nacen con ello, tan sólo es cuestión de no ahogarlo. Para ello, hay que respetar el ritmo de los niños, las etapas de la infancia, la sed de silencio, de misterio, de belleza.
-Usted dice que hay una "mala interpretación" de la literatura sobre la neurociencia y menciona que a partir de allí se han generado "neuromitos" ¿Cuáles serían esas falsas creencias en el ámbito de la educación?
-Hay varios, pero diría que el más importante es el que estipula "más y antes, mejor". En realidad, la neurociencia nos dice que no es así. Dan Siegel, neurobiólogo y psiquiatra, dice que no hay necesidad de bombardear a los niños con una estimulación sensorial excesiva con la esperanza de construir mejores cerebros. De hecho, varios estudios asocian el exceso de estímulos con problemas de aprendizaje. Mi hipótesis es que si un niño está rodeado de estímulos que no se ajustan a sus ritmos y a su orden interior, entonces pierde ese asombro y pasa de aprender "desde dentro hacia fuera", a esperar que lo entretengan "desde fuera hacia dentro".
-¿Qué sería estimular excesivamente a un niño y cuáles sus efectos negativos?
-El niño necesita un entorno normal con una cantidad mínima de estímulos. Cuando el niño está sobreestimulado (o bien por el exceso de consumismo, el multitarea, imágenes rápidas en la pantalla o sonidos estridentes), se embota, anda en un estado entre el aburrimiento y la ansiedad, es más impulsivo, sufre inatención y puede pasar a depender de esa fuente de estímulos externos.
-¿Cuál sería un uso correcto de las nuevas tecnologías por parte de los niños y adolescentes?
-Es una pregunta que requiere varios matices por edad y en función del dispositivo y del contexto (casa o escuela). Y en definitiva, es decisión de los padres. En cualquier caso, es bueno saber que la Academia Americana de Pediatría recomienda a los padres que no dejen que sus hijos de 0 a 2 años vean la pantalla. En la etapa infantil, los niños aprenden a través de las relaciones interpersonales, no de las pantallas. Después de los 2 años, la AAP recomienda no más de 2 horas al día, contenidos de calidad y bajo la supervisión de un adulto.

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