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Este no es un cuento: aquí me cuento

Este no es un cuento: aquí me cuento
  • Publicado en mayo de 2017
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Este no es un cuento: aquí me cuento

La periodista y escritora oriunda de Rojas, provincia de Buenos Aires, es especialista en literatura para la infancia. María Luján Picabea acaba de publicar Este no es un cuento: aquí me cuento, un libro con el que invita a los chicos a interactuar con el texto a partir de anotaciones personales, con el objetivo de interpelar temas como el paso del tiempo, el desapego, los miedos, la muerte y el amor.
"Hace un tiempo comencé a trabajar con chicos. En los talleres de lectura leía junto con ellos y lo que sucedió es que empezaron a aparecer temas importantes, íntimos, pocas veces abordados en otros contextos, no era una simple lectura de un cuento. A partir de ciertos disparadores se ponían a conversar sobre sus sentimientos. Es decir que una propuesta lúdica disparada por una lectura les permitía poner en palabras cosas que no son tan simples de abordar", comenta la especialista.
Picabea trabajó en el diario Clarín y es autora del libro Todo lo que necesitás saber sobre literatura para la infancia.
En este nuevo texto, editado por Paidós, la escritora hace referencia al tema de la muerte y relata la historia de una nena que un día, a los 8 años, despidió a su abuela, sabiendo que era la última vez que vería, y a los pocos días esta murió.
"Aún esquivando la despedida, no pude retenerla. Irreversible, la muerte es irreversible. No tiene vuelta atrás. No hay gesto ni flores ni berreos que puedan volver a insuflar vida en un cuerpo que ha quedado vacío", replica el libro.
El capítulo se completa con algunos renglones en blanco para que los lectores puedan poner con sus palabras lo que significa para ellos la muerte o qué le contaron sobre ella y también, como para distender y reírse, qué películas con zombies o vampiros vieron en algún momento de sus vidas.
"Hay cierto temor del adulto de abordar algunos temas que a los chicos les parecen naturales pensarlos con la literatura, porque aparecen un montón de preguntas. No hay que ser ingenuos. Lo que el adulto no dice o contesta con seriedad, igual les va a llegar. Hay un variado abanico de discursos sobre la muerte: el de la religión, la escuela, el amiguito al que se le murió un familiar y si el niño no tiene con qué confrontarlo, se vuelve verdad. Lo mismo pasa con la sexualidad, que es uno de los tabúes de la literatura infantil. No se le permite al género abordar ciertas cosas que están en el discurso cotidiano", plantea Picabea.
"A mí me parece –agrega– que los padres tienen que enfrentar y escuchar las preguntas de los niños. En el libro hay un apartado donde puse 'Cosas que quiero saber y no me animo a preguntar' para que ellos puedan expresar lo que no les contestaron nunca. Los adultos tendemos a dejar espacios vacíos, pero no es un buen camino porque si el discurso no llega desde un lugar amoroso, contenedor y con palabras claras, va a llegar de manera errada".

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