La princesa de los sueños

La princesa de los sueños rase que se era una cabañita dentro del bosque en la que vivían papá, mamá y tres hijas muy hermosas de diez, ocho y seis años de edad, donde reinaba la paz y el amor; Paulina la más pequeña de las hermanas, era una niña hermosa, con una sonrisa encantadora y un gran corazón quien además tenía una cualidad muy especial, por lo que al nacer fue elegida por el hada azul para ser la princesa de los sueños.
Un día la pequeña princesita jugaba a las escondidillas dentro del bosque con sus hermanitas y al salir corriendo para esconderse tropezó con una rama que había camino al río, una vez en el suelo Paulina se dio cuenta que se le había caído un diente, inmediatamente corrió hacia donde se encontraban sus hermanas y les dijo:
- ¡Miren se me ha caído mi primer diente!
- ¡Que padre! - contestaron sus hermanas- ¿Si sabes que se lo tienes que poner al ratón verdad?
- No, no sabo -contesto con su inocencia la princesita.
- Lo tienes que poner hoy en la noche debajo de tu almohada antes de que te duermas, el ratón vendrá y te dará una moneda de oro por tu diente- explicó la mayor de sus hermanas.
Al llegar la noche, Paulina puso el diente bajo la almohada y en una nota escribió: "Querido ratoncito no te olvides de traerme mi moneda de oro, por que con ella quiero comprar muchos chocolates y dulces para compartir con mi familia y mis amiguitos" y así se fue quedando profundamente dormida como una bebe.
Ya cerca de la media noche cuando solo se escuchaba el cantar de los grillos llegó el ratón Jobero quien tenía toda su vida recolectando dientes, pero no sabía que el diente que se llevaría era el de una princesa y no tenía una, sino varias monedas de oro para dejarle bajo su almohada.
Al llegar a la cama de Paulina y querer levantar su cabeza para colocar las monedas de oro no pudo hacerlo, así que pidió ayuda a mas ratoncitos pero tampoco lograron conseguirlo, de pronto apareció Grillardo, un grillito alegre y juguetón que vio lo que estaba sucediendo y les dijo:
-¡Vamos a pedir ayuda al hada azul, ella sabrá qué hacer!
-¡Siii¡! - gritaron en una sola voz quienes ahí se encontraban, e inmediatamente fueron al bosque en busca del hada, y así fue como llegaron todos de nuevo a la camita donde dormía Paulina.
El hada se postró frente a ella y dijo:
- Queridos amiguitos ¿Saben por qué no pueden levantarla?
- Nooo - dijeron Jobero, Grillardo y los ratoncitos.
- Es necesario hacerlo con delicadeza y amor recuerden que es una princesa- al terminar de decir estas palabras llegaron cientos de luciérnagas destellando su luz por toda la habitación y levantando con tal ternura a la princesa para así llevarla al reino de los sueños, donde el hada azul hablaría con ella. Al llegar al reino el hada tocó la frente de Paulina con su varita mágica despertándola al instante y la princesa dijo:
- ¿Dónde estoy?
- En el reino de los sueños - respondió el hada.
- ¿Y por qué estoy aquí?- mencionó Paulina.
- Porque un día nos reunimos todas las hadas del mundo para elegir a la princesa de los sueños, y en el momento en que naciste decidimos que tu serías esa princesa. Hoy que te encuentras aquí conmigo debes saber que tu misión es tratar de realizar los sueños de todas las personas que amas y se encuentren a tu alrededor, empezando por tu familia, con el paso del tiempo serás recompensada con el mayor sueño que quieras tener en tu vida, además encontrarás el verdadero amor al lado de un príncipe que encantará tu vida para siempre, haciéndote la princesa más feliz de este mundo. - afirmó el hada azul, y entonces tocó de nuevo la frente de Paulina quien al instante quedó sumida en un profundo sueño y fue llevada de vuelta a casa con la ayuda de las luciérnagas.
Al salir del reino de los sueños y pasar entre la oscuridad del bosque, las luciérnagas brillaban como estrellas multicolores aluzando con gran intensidad lo que a su paso se encontraba, como si anunciaran el nuevo amanecer de la princesita.
Mientras todo esto pasaba en el reino de los sueños, en casa, el ratón Jobero con ayuda de Grillardo ya había colocado las monedas de oro bajo la almohada y al ver la luz de las luciérnagas entrar por la ventana, Jobero, Grillardo y los demás salieron rápidamente a esconderse para ver como dejaban de nuevo acostadita en su cama a Paulina para que continuara durmiendo profundamente.
A la mañana siguiente al despertar, Paulina vio sus monedas de oro bajo la almohada y dijo:
- ¡He vuelto a casa con papá, mamá y mis hermanas, el ratón en verdad trajo las monedas de oro por mi diente y viajé en mi sueño con el hada azul al reino de los sueños!.
La princesita salió corriendo, brincando y sonriendo de felicidad para contarle a sus padres todo lo que le había sucedido con el hada en el reino de los sueños, papá y mamá se sentían muy orgullosos de tener una hija con tantas cualidades y con un don tan especial.
A partir de ese día, Paulina empezó a ser la mejor niña del mundo, portándose bien con sus padres, ayudando para que sus amigos y familiares realizaran sus sueños; empezó por amar más la naturaleza (las flores, los árboles, las plantas, el canto de los pájaros), haciendo del bosque un lugar mágico para vivir. Al paso de los años Paulina dejó de ser una pequeña princesa para convertirse en toda una mujer hermosa, con la sonrisa más encantadora aun de cuando era niña; de hecho se decía que no había princesa más bella en el mundo que la princesa Paulina.
Un día paseando por el bosque en su caballo blanco cerca de las montañas, donde se apreciaba más cerca el arcoíris después de caer la lluvia, Paulina bajó de su noble corcel para tomar un poco de agua en el riachuelo que corría por ahí, al ver su rostro reflejado en el agua cristalina, vio con sorpresa que el hada azul se encontraba detrás de ella, al verla de nuevo, después de tantos años le dijo:
- Pensé que ya no vendrías a buscarme querida hada.
- Nunca olvido mis promesas princesa, solo que aun te faltaban sueños por realizar, pero hoy vengo a decirte que ha llegado el momento de que al fin seas tú quien realice su más grande sueño- expresó el hada- así que dame tu mano, cierra los ojos y piensa en el mayor anhelo que deseas para ti.
Así fue como la princesa realizó su gran sueño.

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Sobre el Autor

Tomás Julio Durán, 38 años de México

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