Con sabor a Menta

Con sabor a Menta teve estaba jugando con su trencito en la sala cuando de improviso se levantó y se fue directo al baño. Era la primera vez que él no le avisaba a mamá. Él pensó que ya era tiempo de ir solito para sorprender a su familia. Pero estando en el baño se le ocurrió lavarse los dientes. Entonces abrió el tubo dentífrico que pertenecía a papá y sobre su cepillo dental colocó una abundante porción de esa pasta de color verde y que olía muy agradable. Esta crema era diferente a la que cada noche mamá ponía en su cepillo, y que usaba junto a sus hermanos, claro, de color rosita y de gusto a fresa.
Steve abrió bien la boca y comenzó a cepillar sus dientes de leche. Por supuesto que cuando hizo eso el fuerte gusto de la menta le picó la lengua y la pasta aumentó por el exceso de espuma. Era tan fuerte el sabor que de inmediato comenzó a escupir y de paso esparcirla por sus mejillas, nariz y mentón. La picazón ahora abarcó también su cara.
La espuma seguía creciendo en su boca y lo asustó mucho, con el rostro contraído por el escozor de la menta en su garganta, salió corriendo directo a la cocina gritando y llorando por su mamá. Sobre el pasillo dejó un reguero de espuma. La mamá se espantó al verlo llegar cubierto de esa materia blanca. Steve sólo gritaba, "¡pica, pica!".
Andrea muy preocupada le preguntó si había ingerido la pasta de afeitar de papá y eso podía ser muy dañino. Víctor que estaba escribiendo en su computadora al escuchar los gritos de mamá y el llanto de Steve corrió a la cocina y vio que su hijo menor parecía un pequeño Santa Claus con barba y todo, y le produjo una leve sonrisa para luego cambiar cuando escuchó que mamá decía que era su pasta de afeitar. Entonces tomó al niño en sus brazos y rápido lo llevó al lavaplatos pidiéndole que vomitara al tiempo que con una mano le lavaba el rostro.
En ese instante llegó Gerardo trayendo en sus manos el tubo torcido del dentífrico de papá. ¡Miren, miren! Steve usó la pasta de menta, por eso le picó la lengua. Todos se calmaron y comenzaron a reír, sobre todo Victor Hugo, que se apretaba el estómago de tanta risa después de haberlo visto con cara de Santa, El bebé terminó con las mejillas y la nariz roja, y empapado de agua. Steve enmudeció de vergüenza en el momento que mamá lo reprendió, "te dije que me avisaras cuando fueras al baño, ¿no te parece que aún, no es tiempo de que te independices? Pues sí, advirtió papá. Antes que nada, cuando vayas al baño debes aprender a bajarte los pañales primero. Y si quieres lavarte los dientes debes usar tu dentífrico de sabor a fresas que es más suave para ti. Nuevamente todos rieron. Pobre Steve estaba muy apenado y lucía muy divertido con su ropa mojada que luego mamá cambió por unas secas.
El niño permaneció por un buen rato callado y no le llamó la atención cuando sus hermanos le invitaron a jugar a la pelota. Todavía se sentía muy triste y avergonzado.

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Sobre el Autor

Marianela Puebla, años de Valparaíso, Chile

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