Un mundo muy especial

Un mundo muy especial n un mundo lejano donde las cosas para sus habitantes eran normales y para nosotros todo lo contrario, los peces-abeja un rato volaban zumbando y otro rato nadaban entre las olas de un mar de color violeta. Por allí se veían elefantitos con grandes orejas que usaban para flotar en el aire.
La vida en ese mundo era muy apacible, los animales no se peleaban por ningún motivo, por el contrario, estaban muy bien organizados. Claro que sí, era un mundo de animales inteligentes, como el hombre, sólo que el hombre no existía, pues había dejado muy malos recuerdos a sus tatarabuelos. Su especie había sido enviada a otro planeta para que pelearan entre ellos y no involucraran a los inocentes animales. Mientras en ese mundo las cosas marchaban con parsimoniosa paz, nadie se imaginaba que todo esto sería perturbado por un pequeño artefacto que caía directamente en medio de un lago. Los animales, como despertando de un sueño, no atinaban a pensar si todavía seguían soñando o era realidad aquello que caía con gran alboroto entre las aguas y que después de un rato quedó flotando a la deriva.
Algunos animales se acercaron hasta la orilla, mientras otros, los más audaces, volaban aventurándose peligrosamente sobre aquella cosa circular de color plateado que se mecía con el suave oleaje. De pronto sonó una vuvuzela, todos volvieron la vista y contemplaron al señor elefante mayor que movía sus orejas en el aire con su trompa levantada. Rápidamente los animales e insectos se agruparon a su alrededor. Algo ha caído.... dijo una urraca desde la copa de un árbol, que lucía un penacho multicolor en su cabeza. Así veo, os pido que no os acerquéis a esa cosa hasta que no sepamos si no es de peligro para nuestro mundo. Por detrás de una montaña aparecieron cientos de ciervos con sus cuerpos acorazados. Dejad que la vigilancia examine el objeto y nos diga de qué se trata, volvió a pedir el elefante que permanecía flotando en el aire con sus orejas extendidas.
En la orilla del lago se encontraba un sin número de animales que observaba las maniobras de los cuervos. Había jirafas, leones, gacelas, monos, cerdos, osos hormiguero, hienas, cebras, y muchos pájaros de hermosos plumajes. En el lago asomaban sus cabezas, algunos delfines, cocodrilos e hipopótamos.
Todo el mundo estaba pendiente y curioso de aquella rara cosa que flotaba tranquilamente en medio del lago. Después de varios minutos, un batallón de cuervos se acercó al elefante mayor que dirigía la pesquisa e informó que llevaría el artefacto hasta tierra firme para observarlo mejor. Entonces lo subieron a una balsa y lentamente fue trasladado fuera del agua.
Los animales cada vez más curiosos observaban, haciéndose miles de conjeturas, de que lo que venía allí, no era nada bueno para la paz que con tanto trabajo mantenían en ese lugar. El elefante mayor, bajó a tierra y con lentitud se dirigió hacia donde los cuervos investigaban, comentando entre sí, qué podría ser aquello. Varios elefantes se unieron al grupo y una hiena pidió formar parte de la investigación, tenía fama de tener muy buen olfato y tal vez podría oler lo que se hallaba dentro de la esfera. Le fue concedida su petición y rápidamente se dirigió al centro de la nube de cuervos quienes le dieron paso. La hiena puso su nariz en cada ranura, buscando la entrada del artefacto, todo estaba en suspenso, nadie respiraba fuerte para no perder algún sonido, hasta los pájaros callaron, era la primera vez en la vida que el silencio llenó cada hueco del bosque, cada espacio entre un animal, pájaro u otro objeto. Hasta el viento se quedó impávido mirando entre el ramaje de un sauce llorón, que había dejado de gemir.
La hiena por fin encontró algo, y se agitó gimiendo en señal de que había olido algo desconocido. El elefante mayor pidió a los perros que vigilaran para que los demás animales no se acercaran tanto. La hiena volteó la esfera y con sus dientes indicó lo que parecía una pequeña puerta. Allí, los cuervos actuaron de prisa, eran expertos en abrir cajas, con sus agudos picos perforaron tanto que por fin se abrió un boquete en el artefacto. Unas luciérnagas se apuraron a entrar e iluminaron el interior de la esfera. Un cuervo las siguió moviendo sus patas con precaución. Allí con cautela encontraron la manilla de una puerta y la abrieron con cuidado. El elefante mayor se asomó y lo que vio lo hizo sonar su vuvuzela dos veces. Los monos enfermeros acudieron de prisa con una camilla. Y se introdujeron en la esfera. Cuando salieron, llevaban algo cubierto en la camilla que parecía inerte. ¡Qué es!, ¡qué es!, gritaban los loros, todos estaban expectantes, hasta que el elefante mayor se elevó un poco sobre los animales y les informó con voz tranquila que se trataba de un ser humano, que parecía estar muerto. ¡Oh! Se oyó al unísono. Papá, ¿qué es un ser humano?, preguntó un pequeño oso. Pues se dice que son seres muy odiosos, pelean por nada, sienten envidia de todo, egoístas, en fin, son seres negativos para nuestro mundo, menos mal que está muerto.
Los monos llevaron el cuerpo hasta el laboratorio del hospital para estudiarlo, y todos se fueron a sus tareas sin más comentarios.
Cuando llegó el mono médico superior con un grupo de alumnos, se enteró de aquel raro ser que yacía en una camilla y quiso observarlo. Vengan, vengan, esto será muy interesante para ustedes que están estudiando medicina. El doctor se puso sus guantes, la mascarilla y un delantal que lo cubrió entero. Los alumnos hicieron lo mismo. El médico retiró la sábana que cubría el cuerpo y su sorpresa fue grande al descubrir el pequeño cuerpo de una niña, que aún mantenía firmemente en sus brazos un osito de felpa. Pero, ¿qué es esto? Un ¿ser humano, aquí? Así es, le respondió más atrás el elefante mayor. ¿Podría prepararla para el museo? Claro, claro, carraspeó el médico mono. Bueno, bueno, primero le tomaremos el pulso, dijo a sus estudiantes, hay que escuchar el corazón también, debemos estar seguros que esta pequeña está bien muerta, antes de embalsamarla. A ver, usted, estudiante Nico, tome el juguete que ella tiene entre sus brazos. Sí, maestro. Nico trató de arrancarlo suavemente, no quería hacerlo en forma brusca pues le llamaba la atención la delicadeza de la niña. A ver Nico, sáquelo ya, repitió el médico. Nico volvió a intentarlo y al apretar el muñeco escapó un sonido, como de un llanto. Nico soltó el juguete espantado, sin embargo en ese momento, la niña abrió los ojos y se sentó. Todos los estudiantes y el médico superior dieron un paso atrás sorprendidos. La niña los miró más sorprendida, pero luego una sonrisa apareció en su rostro y con gran soltura bajó de la camilla. ¿Todavía estoy durmiendo?, preguntó con suave voz.
Este..este. ¿Quién eres? Ah, mi nombre es Angelina y ¿ustedes, son mis amigos del sueño? ¿Qué sueño?, ¿de qué hablas?, preguntó curioso el médico superior. Bueno, papá dijo que tendría un largo sueño, y un día alguien me despertaría con el sonido de mi osito. ¿Eso hicieron ustedes?, oh, gracias, ¿en dónde estoy?, se ve todo tan hermoso, agregó restregándose los ojos. Pues, vamos por partes Angelina, objetó el médico, tú estás en el mundo de los animales, aquí no hay seres humanos como tú. Y somos muy felices sin ustedes, exclamó una hiena que se había escabullido entre los estudiantes con el afán de saber más de esa criatura humana, tan desconocida para ellos. Espera, espera, respondió el elefante mayor, es sólo una niña, y según el manual de los humanos, una niña es inofensiva hasta que crece y se hace mayor.
Por favor, esperen, ¿podrían salir de mi consultorio?, pidió el médico superior a sus alumnos, necesito hablar unos minutos con el elefante mayor, así que vayan saliendo y esperen en el pasillo. Angelina estaba fascinada, era la primera vez que conversaba con animales y éstos se comunicaban con palabras, muchas veces lo intentó tener una conversación con su gatito, pero sólo le respondió con un miau, miau! Qué bien estoy aquí, exclamó mirando al médico superior, ¿puedo quedarme por un tiempo? Calma, quédate un ratito aquí, no te muevas, debo hablar unas palabras con el mayor. El médico miró al elefante y en sus ojos había una pregunta que el otro entendió rápidamente, ¿qué vamos a hacer con esta criatura? No te preocupes tanto, es sólo una niña, primero debemos saber porqué llegó hasta nuestro mundo. Dejaremos que nuestras parejas la cuiden hasta que decidamos el próximo paso.
Después de una breve conversación el mayor pidió a Angelina que la acompañara y así lo hizo. Fuera del hospital todos los animales la miraban curiosos, era entretenido ver a un ser de otro mundo, que caminaba en dos pies y su voz parecía una campanita. Lo que más los cautivó fue la sonrisa de Angelina, era tan especial y parecía estar a gusto entre ellos, a todos saludaba y agitaba su manita, hola, hola, me llamo Angelina y me voy a quedar con ustedes por un tiempo. Espera niña, no vayas tan de prisa, aún no hemos decidido nada, reclamó el elefante mayor que de paso sudaba pensando qué hacer con ella.
Cuando llegaron al círculo de elefantas donde platicaban de sus hijos, les pareció muy agradable la llegada de Angelina que quisieron adoptarla de inmediato, todas pedían ser su madre. Pero el elefante mayor las hizo callar con su vuvuzela, ella se quedará con vosotras hasta que los viejos decidan qué hacer, respondió con voz calmada. También se habían acercado unas lobas y unas monas que deseaban quedarse con la graciosa niña. Es tan linda, ¡mira! que cabello tan negro y largo tiene, dijo una. Sí y es gordita y simpática. Se llevará muy bien con mis hijos. ¡Alto, alto!, exclamó el elefante mayor, esta niña se quedará sólo por un corto tiempo. En ese momento llegó el médico superior con una nota en sus manos. ¿Qué sucede? Es que tiene que leer esta carta, a ver, déjeme verla. El elefante mayor sacó sus lentes y comenzó a leer. "A quien reciba a mi querida hija Angelina, estamos pasando por momentos cruciales en la Tierra y un gran peligro de colisión de nuestro planeta con un asteroide de enormes dimensiones. Muchos padres hemos decidido poner fuera de peligro a nuestros hijos hasta que un milagro ocurra y podamos recuperarlos. Los niños estarán en órbita sin peligro para sus vidas hasta ser rescatados, si alguna de estas naves aterrizara en algún planeta, les rogamos que cuiden a nuestros hijos, son seres inocentes. En la nave existe un sistema para comunicarse con nuestro mundo. Por favor, comuníquense a la brevedad, se lo agradecemos de corazón. En espera que esta tragedia pueda ser evitada. Les saludan apesadumbrados, los padres de Angelina.
¡Pero esto es terrible!, exclamó el elefante mayor, rápido, hay que ir a la nave, y que nuestros científicos averigüen qué ha pasado en el espacio cercano.
Mientras tanto Angelina estaba fascinada con los pequeños elefantes, monitos y jirafas. Estoy muy contenta de poder jugar con animales de verdad se dijo, y poder conversar con ellos, al tiempo que las autoridades animales, revisaban la nave. Un búho encontró la computadora y la hizo funcionar después de varios intentos. El elefante mayor y el médico superior esperaban con impaciencia. Allí también llegaron los ancianos a ver cómo resolvían este problema. Pero todo fue en vano, no lograron comunicación, el sistema no respondía. ¿Qué dicen los científicos? preguntó el elefante mayor. En ese momento se acercó una hiena muy apenada, tengo malas noticias, los científicos señalan que hubo una colisión en el sistema solar, pero, aún están investigando.
Qué malas noticias para Angelina, dijo la hiena, pero que buenas para nosotros. ¿Cómo? ¿Qué dices?, Preguntó el mayor. Pues que nos podemos quedar con ella, adaptarla a nuestro pacífico mundo, hasta que, si tiene suerte, sus padres puedan hacer contacto con nosotros, ¿no les parece? Este.... el elefante mayor no sabía qué decir, entonces intervino el médico superior con la venia de los ancianos. Creemos que la hiena tiene toda la razón, la niña será educada en nuestro sistema en el que nunca conocerá la violencia y todos los males que los seres humanos poseen o poseían, eso no lo sabremos, pero por ahora pensamos que ella se debe quedar aquí. Lo mejor es que la pongamos en su nave y la despachemos al espacio como tal vez estén otros niños, reclamó el mayor. Mayor, con todo respeto, ¿qué hará si caen otras esferas? Bueno, no había pensado en ello, tal vez tengan razón, si ella ha llegado hasta nosotros, nuestro deber será adoptarla y prepararnos para posibles llegadas de otros niños. Todos aplaudieron al mayor que extendió sus orejas y sacudió el aire de contento.
Luego el elefante mayor hizo sonar su vuvuzela. Todos los animales se juntaron en la plaza frente a una gran pileta donde asomaban sus cabezas varios hermosos peces. El mayor carraspeó en señal de silencio y dijo, debo informarles que hemos decidido adoptar a la niña terrestre, hasta nuevos acontecimientos. Ella se quedará entre vosotros y gozará de los mismos privilegios que tienen nuestros pequeños hijos. Todos aplaudieron de contentos, ¡hurraaaa, hurraaa! se escuchaba por todos lados. ¿Qué pasa con los adultos?, preguntó Angelina al escuchar tanta algarabía. Es que te quedarás con nosotros el tiempo que tú quieras, respondió una elefantita que ya se había hecho muy amiga de Angelina. ¡Oh qué bueno!, ya estaba cansada de dormir tanto en esa esfera, dijo, y despreocupada, se fue a jugar con los demás animalitos.

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Sobre el Autor

Marianela Puebla, años de Valparaíso, Chile

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