Durante todo el mes de septiembre, el hornero iba a buscar palitos y barro para hacer su casa. Mientras tanto, el loro charlaba con todos los que se cruzaban en su camino. El hornero trabajó y trabajó hasta terminar su casa, y él todavía ni siquiera la había empezado.
Entre tantas charlas, el loro se enteró que el hornerito se quedaba solo cuando sus papás se iban a buscar palitos y alimento.
Entonces, al día siguiente fue a hacerle compañía al pichoncito. Cuando los horneros llegaron a la casa vieron que su hijo estaba acompañado. Ellos estaban tan felices por la ayuda del loro, que decidieron pagarle el favor.
Le construyeron una casa al lado de la de ellos y así vivieron acompañados para siempre.
MORALEJA: Pasa tu tiempo dedicado a ayudar, trabajar y guardar los momentos.
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