La guitarra en el ropero

La guitarra en el ropero n un día brillante de primavera Santiago escuchaba una musiquita que entraba por su ventana y le inundó la habitación.
Se levantó contento, tratando de descubrir el origen de ese sonido que alegró su despertar. Salió al parque y vio a su vecino tocando la guitarra en el patio.
Federico se había comprado la guitarra después de ahorrar durante unos meses la plata que ganaba cortando el pasto. Algo había aprendido con una amigo que le enseño a rasguear algunos temas que le gustaban y estaba practicando ante la atenta mirada de su pequeño vecino que lo miraba asombrado.
Sonrió, lo invitó a que se acerque y le preguntó si le gustaba la guitarra nueva y Santi le dijo que si con la cabeza. Después de escuchar cien veces las mismas tres canciones que Fede sabía tocar pensó que era un genio con la viola y volvió corriendo a su casa con la idea de convertirse en guitarrista.
El papá de Santiago se propuso desempolvar una vieja guitarra criolla que tenía arrumbada en el ropero para que su hijo se saque el gusto de tocar un instrumento y una vez que se la mostró lustradita intentó afinarla para dársela.
Luego de ajustar y desajustar se dio cuenta que era imposible luchar con cuerdas que no podían encontrar las notas que tenían que dar, por estar muy gastadas. De todas formas le dio la guitarra a Santi para que la disfrute.
Santi se tiró encima de la guitarra y la revisó y la recorrió y le sacó ruidos por donde pudo. Durante horas estuvo intentando hacer una de las canciones que había escuchado pero le fue imposible. Intentó, intentó, intentó y siguió intentando y nada. Se desanimó y pensó que nunca iba a poder tocar la guitarra como Fede.
El papá lo descubrió medio tristón y le explicó que lleva tiempo tocar bien la guitarra, que es necesario practicar y esforzarse para poder hacer cualquier cosa, como tocar la guitarra, jugar a la pelota o dibujar.
Así, juntos se propusieron encontrar a un profesor que le enseñe a tocar la guitarra al más pequeño de la familia y por qué no al más grande también.

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Sobre el Autor

Alvarez, Germán, 30 años de Argentina

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