La Reina de Coral

La Reina de Coral uli estaba resfriada. Después de la lluvia había salido a perseguir sapos por el jardín. Tanto había corrido y saltado entre los charcos que, a pesar de sus nuevas botas amarillas, el agua le hacía "Plosh, plosh..." entre los dedos de los pies.
-Atchís -estornudaba-¡Atchís!
Su mamá la acostó en la camita tibia. Las sábanas con dibujos de soles y arcoiris, le hacían cosquillas en ese lugar, al costado de la panza, donde se vuelve irresistible, pero Luli no se reía. Estaba triste porque era jueves y no podía ir a la pileta con sus amigos del jardín.
El payaso colgado de la pared le guiñó un ojo y el perrito color café con leche saltó haciendo morisquetas pero no consiguieron alegrarla. Tampoco quiso la taza de chocolate caliente, ni la torta con crema blanca como la nieve que le preparó su mamá para la merienda.
-Yo quiero nadar-se dijo mientras descruzaba los bracitos aburridos para ponerse de pie de un salto sobre el colchón.
Luli brincó tres veces y se tiró de cola para rebotar como los payasos del circo.
-Esta es mi pileta y voy a nadar. Así...
Se acostó con el ombligo mirando el techo. Vio los pececitos colgados del móvil que le sonrieron alegres.
-No. Este es el mar, un gran mar azul con caracoles, sirenas y barcos hundidos. Yo soy...Yo soy ¡un buzo que va a luchar contra el malvado tiburón!
Se bajó de la cama para buscar las chinelas celestes con orejas de conejo.
-Estas son mis patas de rana-. Saltó tres veces y se zambulló en las sábanas
"Plaff...Plaff... Pataleaba con fuerza. Ya estaba llegando a los pies de la cama cuando una estrella de mar, parada sobre la bolsa de agua caliente, le dijo:
-¡Qué suerte que viniste! Tenés que ayudarme. Esta noche es la Fiesta de Coral y el tiburón quiere arruinarlo todo. ¡Vamos, vamos! No hay tiempo que perder.
-¡Pará! -gritó Luli- No entiendo nada de nada.
Quiso asomar la nariz entre las frazadas, pero no pudo. La estrella la tomó de la mano y se la llevó, arrastrándola, mientras hacían un montón de espuma. Pronto llegaron a una formación de corales rojos de la que asomaron cientos de ojitos asustados.
-Este es nuestro castillo. Pasá, te voy a presentar a mis amigos.
Uno a uno fueron saludando a Luli, todos los habitantes del océano: los caballitos de mar con sus trompetas, el pulpo con sus ocho brazos, los peces de colores y los caracoles que no viven en el castillo porque tienen casa propia.
Un pececito amarillo y negro con gran cola transparente tomó la palabra:
-Todos los años preparamos una fiesta para homenajear a los corales, ya que son ellos los que adornan nuestras casas y nos brindan refugio. Es una celebración muy importante. Las tortugas traen sobre su lomos a nuestros primos de otros mares, comemos pasteles, cantamos, bailamos y nos divertimos durante tres días. Por último elegimos a la Reina de Coral y..
-Esperá un poquito. No entiendo cuál es el problema.
-Lo que sucede es que como el tiburón es tan envidioso, si no gana cada concurso y es coronado rey, se pone furioso e intenta arruinar la fiesta rompiendo todo con sus poderosos dientes.
-Por temor -agregó la tortuga- ya lo elegimos dos años seguidos.
-Y como este año no quisimos invitarlo, está peor que nunca. Nos vas a ayudar ¿verdad que sí? -preguntó tímidamente el erizo, que estaba parado en las puntas de sus patas afiladas.
-Claro que sí -respondió resuelta Luli-. ¡Hagamos un plan!
Los peces azules la llevaron hasta la cueva del tiburón, los caballitos de mar tocaron sus trompetas para atraerlo y las estrellas se pararon unas sobre otras, dándose las manos como verdaderas acróbatas, hasta formar una red.
Luli estaba del otro lado, con un remo enorme que había encontrado entre los restos de un barco hundido, dispuesta a darle tantos golpes en la nariz como para que no le quedaran ganas de ir a molestar a sus amigos nunca, pero nunca más.
El tiburón salió y de un coletazo derribó la red.
-Te advierto que si seguís portándote como un chico malcriado te voy a dar la paliza de tu vida -gritó Luli con cara de mamá enojada
-¡Ja, ja, ja! -rió el tiburón mostrando los dientes que con la boca abierta parecían todavía más grandes-. Jamás podrán detenerme y... vos vas a ser mi pastel.
Nadando a toda velocidad llegó hasta donde estaba Luli y de un bocado se tragó el remo.
-Ahora es tu turno -rugió.
En ese preciso momento Luli se acordó que tenía guardada en el bolsillo una caja de chicles. "De a uno por vez -le decía siempre su mamá- que se te van a pegar los dientes...." Eso le dio una idea:
Tomó un chicle en cada mano y le dio el resto al pulpo que con sus ocho brazos era un experto en lanzamientos.
-Ya verá -dijo bajito a su amigo-, cuando diga "ahora" dispara directo hacia su boca....¡Ahora!
-Chomp, chomp, chomp -masticó el tiburón con la boca llena de chicles y de globos- Chomp, chomp, chomp.
-A ver si podés hacer un globo tan grande como el mío -lo desafió Luli sonriendo por anticipado su victoria.
-Eso es muy fácil -respondió, envidioso, mientras soplaba seguro de la fuerza de sus branquias-. Fffffff....Fffffff...
El tiburón, que nunca antes había estado en un concurso de chicles, no sabía que si se sopla demasiado, el hermoso globo puede romperse y...
¡Plomp! -explotó el globazo dejándole la trompa como un gran panqueque color rosa.
-Mmmm, Mmmm -se quejaba sin poder despegar las mandíbulas- Mmm, mmm, mmm...- y, terriblemente avergonzado, regresó a su cueva y ya no volvió a salir.
-¡Viva! -gritaron todos- ¡Viva! ¡Estamos salvados!
-Este año Luli merece ser la Reina de Coral -dijo la estrella.
Juntos volvieron al castillo y colocaron sobre su cabeza una hermosa corona de algas multicolores. Bailaron, nadaron, comieron pastelitos y cuando ya no pudo más de tanta risa les dijo:
-Estoy feliz por haber podido ayudarlos. Ustedes son realmente geniales...pero ahora, creo que me tengo que ir.
-¿Vas a volver a visitarnos?
-Seguro. Cada vez que...
-¿Qué estás haciendo bajo las sábanas? -le preguntó la mamá que venía a arroparla como sólo las mamás saben hacerlo.
-Nadando -respondió con una sonrisa tan grande que toda la habitación se llenó de brillitos.
-Está bien, está bien..., pero ahora basta de fantasías y a dormir.
-Que sueñes con todo lo bueno, Má.
-Que sueñes con todo lo bueno, Lu.
La mamá le dio un gran beso y, por suerte, no vio el trozo de alga que había quedado enredado entre sus rulitos color espiga. Tampoco, las gotitas de agua salada que descansaban en fila, como zapatos en Noche de Reyes, a los pies de su cama.

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Sobre el Autor

Marcela Predieri, de Argentina

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