Papa Ronnie y el león

Papa Ronnie y el león se domingo mi papi despertó de muy buen humor y decidió llevarnos a pasear en carro y pasarlo rico, todos en familia. Había trabajado mucho en la semana y cerrado un buen contrato con un cliente suyo, de manera que deseaba festejarlo.
Muy vestido de pantalón claro y camisa blanca, se apareció orgulloso en la cocina estrenando un par de zapatos al tono, muy elegantes. Mami le insistió que se pusiera algo más práctico, como unos jeans y zapatillas, pero él comentó que quería lucir estupendo. A nosotros no nos preocupó demasiado el tema, pero si nos inquietamos, cuando nos preguntó donde queríamos almorzar. Realmente no nos interesaba en cual restaurante comer, nosotros simplemente queríamos ir al Parque de las Leyendas, nuestro gran zoologico peruano.Nos habían contado que habían nacido varios animalitos y estábamos deseosos de participar en la elección de sus nombres y sobre todo, de jugar con los cachorritos de león, que eran las estrellas del zoo.
Papá se resistió todo lo que pudo. -Pero niños no sean tercos - intentó convencernos...no les gustaría comer un sabroso y dorado pollito al spiedo con papas fritas ? o quiza una riquísima pizza con mucha mozarella? o también podriamos ir a almorzar algunos deliciosos platitos de comida china?
Finalmente mami lo convenció de dejar la comida en el restaurante para otro momento y un rato más tarde nos entregaban en la entrada del zoo, unas bonitas bolsas con dibujitos de animales, llenas de alimento balanceado, más los boletos y un mapa para recorrerlo con comodidad.
-Yo quiero ver a los monos gritó Martin, mi hermano menor, mientras salía corriendo rumbo a la jaula de los chimpances. Nos reimos mucho viendo como se subían a unas ramas y aplaudían, pidiendo comida. Luego fuimos a ver a la simpatica doña jirafa con su cuello larguísimo comiendo las hojas de un árbol muy alto.También visitamos al elefante gordito con sus orejotas. Son enormes, ¿viste? Mi mami se enamoró de unos ciervitos, que se acercaban al alambrado para buscar alimento y permitían que los acariciáramos a través de la reja. Que piel tan suavecita tienen y su hocico está siempre humedo.....
Por fín llegamos a la jaula de los leones. En realidad eran dos jaulas. En la más grande estaba la leona con sus cachorros, que jugaban en el solcito. Era como ver a dos gatitos. Pero no eran dos gatitos, ya eran tan altos como nuestro perro coker. Tuvimos suerte, justo era la hora del biberón y la cuidadora sacó a uno para que pudiéramos mirar de muy cerquita, como tomaba la leche. ¡Lo mejor fue cuando nos dejó acariciarlo! Como tenía la pancita llena se quedó muy tranquilito, mientras se dejaba tocar.
De repente se escuchó un rugido. Era el león, al cual lo habían puesto solo en la otra jaula, para que no lastimara a ningún cachorro. Estaba aburrido y quería que le presten atención. Los cuatro nos acercamos a mirarlo. Iba y venía. Tenía una melena enorme y unos ojos color miel, que miraban inquietos.
Papá se paró de tal forma que Don León tenía que verlo si o si. Lo llamaba con distintos tonos de voz, le hacia muecas, y hasta recogió unas diminutas piedritas del suelo y se las tiraba para molestarlo aún más... Al principio el león no le prestó atención y siguió recorriendo la jaula en círculo.Primero para un lado y luego para el otro.Tanto insistió papá , que en un momento el león efectivamente se paró frente a él y lo miró fijo. De repente giró sobre sus enormes patazas y pareció haber olvidado al molesto visitante. Sin embargo imprevistamente... levantó la gran cola y comenzó a lanzar un chorro de orina superpotente, exactamente en la dirección de papi Ronnie. Fue como si se abriera una manguera a presión y tan rápido... ¡que papá no tuvo ni tiempo de reaccionar! Quedó totalmente mojado.......desde su cabeza, su elegante camisa y pantalón hasta sus zapatos nuevos... ¡y todos los niños parados alrededor nuestro matándose de la risa!
Así fue como entre carcajadas imparables nos volvimos con un chofer que chorreaba pis e intentaba llevar con dignidad las bromas sobre la importancia de haberse vestido con tanta elegancia para ir al zoo. Mama nos explicó también, que nunca debemos molestar a los animales y respetarlos siempre, ya que sienten y sufren como nosotros.
¡Pasaron los años y aún hoy el recuerdo de esa tarde en familia es motivo de sonrisas, cuando la "Oma" Elisa, cuenta divertida esta anécdota, que ingresó en la familia, como la historia que sus tres nietos no se cansan de escuchar!

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Sobre el Autor

Elisa Eisler, de Perú

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