El tejido de Doña Josefina

El tejido de Doña Josefina osefina, la araña de la esquina
tejía con esmero las calcetas para su prima.
Tejía dos puntos y los destejía
pues le gustaba la perfección que lucirían
en las delgadas patitas de la negra Romana,
una simpática araña, hija de su tía hermana,
doña Venturosa, la que vivía en una antigua caja
la cual había servido para guardar alhajas.

Se levantó temprano a comprar la parafina
y prepararse un apetitoso desayuno,
pero, ese día como acostumbraba doña Josefina,
se encontró con el gordo de don Bruno,
quien le contó de unos malvados bicharracos
venidos de muy lejos en unos apolillados sacos.

Don Bruno muy, pero muy asustado
corría por el barrio con ojos desorbitados,
prohibiéndoles a los niños pasar por aquella esquina,
pues esos malvados los cazarían para su cocina.
Doña Josefina terriblemente alarmada
tejía las calcetas y luego las desarmaba
de los nervios que tenía esa mañana temprano,
nadie con esa noticia, tendría el juicio sano.

Así que sin pensarlo más llamó a la policía,
a unos grillos fortachones, amigos que ella tenía,
a unos saltamontes armados con aguijones
y todos al mismo tiempo se pegaban empujones.
En el carro lanza agua, llegaron Juan y Pablo
se apostaron cautelosos cerca del viejo establo
a expulsar los malhechores de inmediato a la calle
y se fueron rapidito a volar sin más detalles.

Doña Josefina alarmada tejía sin terminar
esperando le avisarán que ya podía desayunar.
Su prima llegó corriendo con la noticia esperada
los bichos y sus maletas salieron de sus moradas
dejando un alboroto por donde ellos pasaban,
mientras todo el pueblo de verlos tiritaba.

Por fin volvió la paz a reinar por ese día,
los bomberos y los otros alegres se despedían
y doña Josefina descubrió que esa mañana
en vez de las calcetas para su prima hermana,
había tejido una enorme y fea calceta morada
que la deshizo molesta muy, pero muy enojada
y pensó que no era su modo, tejer de esa manera
que por todo el trastorno se le mezcló la sesera.

Ahora teje que teje sin miramientos
ya tiene más claros sus pensamientos.
La negra Romana luce alegre en su cocina
unas hermosas calcetas de su tía Josefina.

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Sobre el Autor

Marianela Puebla, años de Valparaíso, Chile

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