Chatarra Espacial

Chatarra Espacial terricé, amaricé, alunicé no sé como ustedes le dirán a un planeta desconocido que se parece a todos los planetas que conocemos, pero no aparece en los mapas estelares. Bueno, mi cápsula casi choca con una gran piedra de la que emergían unos extraños pastos como antenas y se movieron en cuanto di unos pasos.
Encontré un camino, rodeado de chatarra, la chatarra subía y bajaba una especie de cerro. ¡Tanta chatarra! exclamé, no hay árboles aquí, sólo desperdicios. Me quedé muy triste pensado, como pueden acumular tantas cosas inútiles. Pero alguien se acercó y me contestó con una voz ronca, salida casi de una botella, sin embargo era diferente su aspecto. Esta chatarra espacial es lo que ustedes humanoides lanzan al espacio sin medir las consecuencias, es un insulto al cosmos y a todos los seres que lo habitamos. Oh, ¿y quién eres tú?, pregunté. Soy y me llamo Anífora. ¿Cómo?, ¿por qué eres y te llamas?, no te entiendo, Mira, Arcícola, y mostró su cuerpo con puntas y ojos por todos lados. ¿Entonces puedes mirar en todas direcciones?, oye ¿por qué me has llamado Arcícola? Porque eres un Arcícola. Ah, yo puedo ser para ustedes eso, pero tengo un nombre terrestre, y me llamo Nicolás.
Nicolás, repitió, es divertido. ¿Por qué dices que es divertido? Verás, tú eres un Arcícola, y te llamas Ni-cola, jajaja. No, no, te falta la s final, así parezco un animal sin cola, dije. Bueno, Arcícola con s, me caes bien, así que te presentaré a los demás.
Caminamos por entre la chatarra, cámaras fotográficas destrozadas, vehículos espaciales averiados, sputniks, diferentes formas de antenas, tanques oxidados, etc., oye, ¿todo esto lanzamos al espacio y está inservible? Claro, hasta plataformas y cápsulas en desuso. Oh, qué irresponsables somos, ¿no? aja, muy pero muy descuidados con el medio ambiente en tu planeta y con el espacio sideral. Me siento muy avergonzado, nunca pensé que fuéramos los proveedores de ensuciar otros planetas, dije con las mejillas rojas de rubor. Bueno hemos llegado, aquí está mi amigo Enúlido. Pero ¿tú dijiste que todos se llamaban Anífora? Aja, pero él es de otro planeta y por suerte, es un amigo muy útil, ¿ya? Sí, pues se alimenta de chatarra. ¿No me digas, puedo conocerlo? Claro está frente a ti. ¿Qué? no veo nada, sólo una enorme piedra, respondí. Estás equivocado, es mi amigo Enúlido. Entonces la enorme roca se movió y vi unos ojos rasgados que me miraban curiosos. Nos presentamos y con su mano áspera sacudió la mía hasta dejarla cubierta de polvo. Bienvenido, Arcícola, ¿quieres servirte un plato de tuercas, ofreció? No, gracias, ya debo irme a casa. ¿Quieres conocer al resto de los habitantes? Perdón, no, por esta vez, se me hace tarde, pero pronto regresaré, se me hacen extraterrestres muy interesantes.
Los dos me fueron a despedir cerca de mi cápsula, y les prometí que la próxima vez que alunice, o como ustedes le llamen, no habrá chatarra espacial venida de mi planeta. Adiós amigos. ¡Adiós!, decían agitando unos trozos de cañerías.

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Sobre el Autor

Marianela Puebla, años de Valparaíso, Chile

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