La hormiga que aprendió a volar

La hormiga que aprendió a volar rase una vez, en un lugar muy lejano, donde las pequeñas hormiguitas de los campos azules, salían a trabajar, recorriendo largos caminos marcados por pequeños trozos de hojas para no perderse, las hormigas más pequeñas, eran cuidadas por turnos, para que las otras pudieran seguir con el trabajo.
Mike era una hormiga muy particular, era diferente a las demás hormiguitas de los campos azules, muchos se reían de él, por no poder llevar en su espalda las pequeñas hojas a su hogar.
Era una hormiga tímida y llena de temores, asustado por las historias de terror sobre las arañas que acechaban los caminos, el antes de dormir, dejaba la luz prendida, por si algo malo llegase a ocurrir.
Por las tardes jugaba a las escondidas hasta largas horas de las noches, antes de que la luna se asome a saludar, se trepaba en una pequeña rama y soñaba con volar, con tener dos diminutas alitas detrás de su espalda y así poder tocar el hermoso cielo azul y saludar al sol. Pero la hormiguita sabía que jamás eso podría pasar, no importaba cuantas veces lo intente, él sabía bien que las hormigas no podían volar. pero una noche todo cambio. Caminaba con las demás hormigas hacia su trabajo, cuando de pronto, escucharon unos ruidos tenebrosos detrás de unos arbustos, pensó:
¿Acaso serán verdad las historias de las arañas? ¡Que miedo! Sentía él, sus patitas temblaban y su corazón latía cada vez más fuerte. Cuando de la nada, salió una araña riéndose.
-¡Ha! -Gritó una.- ¿A quién me comeré? -Dijo la araña asustándolos.
Todas las hormiguitas corriendo, menos Mike que quedo atemorizado. La araña lo miro y se le acercó. Cada vez más y más.
-¡Atrás! -Dijo la hormiga.- ¡Ja! ¿Y qué harás? -Dijo la araña bufándose de él. Lo arrinconó hasta una rama, la hormiguita miro hacia el cielo y vio como salía la luna, cerró los ojos y con las fuerzas de sus corazón deseo volar, cuando en ese momento una estrella viajera pasaba por el lugar y le concedió el deseo.
Rápidamente, de su espaldita salieron dos alitas y Mike pudo escapar.
-¡Pero como! -Grito la araña que se quedó asombrada. Y desde aquella noche en los campos rojos, la araña contó la historia de cómo una hormiga pudo volar. Ya no era una hormiguita asustadiza, ahora podía volar y fue recordado como Mike, la hormiguita voladora.

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Sobre el Autor

Sam Lagerblom, de Buenos Aires, Argentina

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