El Chajá

El Chajá ací (la luna) descendía de su trono en el cielo, para llegar a la tierra y decirle a Tupá (Dios Guaraní) como se habían portado los hombres y solicitar para cada uno de ellos un premio o un castigo.
Fue así como un día, tomando forma de mujer, bajó y se hizo acompañar por un niño.
La tarde estaba sumamente calurosa y la sed los agobiaba, especialmente al chiquito.
Al pasar por un arroyuelo, advirtieron la presencia de dos jóvenes que lavaban ropa y como el lugar era de difícil acceso, Yacií les pidió que le alcanzaran agua para el niño.
Los jóvenes, que no sospechaban con quien estaban hablando se negaron al pedido. El niño estaba a punto de llorar y cuando se estaban yendo los jóvenes lo llamaron y le dieron una calabaza llena.
El niño se la llevó rápido a la boca y se asqueó, porque lo que le dieron era agua jabonosa.
Indignada Yací levantó los ojos al cielo, de donde bajó un ayurú (papagayo), que Tupá empleaba como mensajero, y consolando al niño le indicó donde había un manantial de agua fresca y por orden del Dios Guaraní debía convertir a los jóvenes en aves.
Uno de ellos, sorprendido por el cambio ocurrido intentó gritar y lo único que pudo decir fue
-Ya Ha! (vamos) y se apartó de allí.
Es por esta situación que le chajá vive en parejas y tiene la carne fofa, como espuma de jabón.

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Cuento popular, de Argentina

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